La realidad carcelaria en México

Enfrentamos la crisis del sistema penitenciario que no re-socializa ni readapta a los internos y en muchos casos, promueve la organización criminal
En la actualidad nuestra Patria experimenta diversas realidades como delincuencia, violencia intrafamiliar, crimen organizado, asaltos, robos, secuestros, venta y consumo de drogas. En muchos de estos casos, la respuesta social es la cárcel.
Desafortunadamente, muchas personas que son inocentes resultan privadas de su libertad, mientras que, quienes son culpables gozan de impunidad y libertad.
Los detenidos son juzgados y muchos de ellos sentenciados a prisión. El documento de los Obispos de México sobre violencia y construcción de la paz, nos dice en su número 53:
“enfrentamos la crisis del sistema penitenciario que no re-socializa ni readapta a los internos y en muchos casos, promueve la organización criminal”.
La iglesia católica preocupada por esta realidad, lleva a cabo diversas actividades para acercarse a los presos y sus familias. En la carta a los hebreos, la biblia nos dice:
“preocúpense de los presos como si estuvieran con ellos en la cárcel” (heb, 13,3).
Atendiendo a esta petición, la pastoral penitenciaria es la respuesta que la iglesia católica realiza en favor de las personas privadas de su libertad, así como de sus familias.
En la actualidad existen cerca de 3000 agentes de pastoral penitenciaria en todo el país. Sacerdotes, religiosas y religiosos, seminaristas, laicas y laicos, trabajan intensamente para atender a la mayoría de los presos, al menos una vez por semana, llevando para ellos apoyos de catequesis, oración, propuestas de conversión, asistencia legal, proyectos productivos, alimentos y medicinas.
EL CUIDADO Y LA RE-SOCIALIZACIÓN DE LOS PRESOS ES RESPONSABILIDAD DE TODA LA SOCIEDAD.
Los presos son hermanos nuestros a quienes les fue negado el estudio, el trabajo y la evangelización. Quienes integramos la Pastoral Penitenciaria unimos esfuerzos para darles el acompañamiento que necesitan, la evangelización que esperaban, el cariño que se les negó y educación, a la cual, ellos tenían derecho.
Como sociedad hermana y solidaria de los presos, extendemos una invitación para sumar esfuerzos con esta pastoral.
Luchemos por hacer realidad los programas de prevención del delito. Dios quiere que vivamos libres de ataduras, con la dignidad de sabernos hijos de suyos.
Hagamos realidad la re-socialización de quienes viven privados de su libertad. A través de la enseñanza, motivemos el encuentro con ellos, con trato humano y propuestas de conversión.
Recordemos que las cárceles son reflejo de nuestros graves problemas como sociedad.
Hagamos viva la enseñanza evangélica del hijo pródigo, y así como el Padre recibió a su hijo, recibamos al excarcelado en su nueva vida, para reincorporarse a la sociedad de manera digna a la que tiene derecho como hijo de Dios.
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