Homilía para el Domingo II del tiempo ordinario, Mons. Ramón Castro Castro
Estimados Amigos y Hermanos:
Haciendo un espacio en los Ejercicios Espirituales que estamos realizando con gusto les comparto el subsidio. Espero sea de utilidad.
Del Evangelio según san Juan 2,1-12:
“En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: -No les queda vino. Jesús le contestó: -Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: -Hagan lo que Él diga. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenen las tinajas de agua. Y las llenaron hasta el borde.
Entonces les mandó: -Saquen ahora un poco, y llévenselo al mayordomo. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: -Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
INTRODUCCIÓN
Enfoquemos nuestra atención al episodio de las bodas de Caná que hemos escuchado en el Evangelio. El milagro está únicamente recogido por el evangelio de San Juan. Se encuentra al inicio del misma y constituye el primer «signo» -Juan habla de «signos» y no de milagros- que Jesús realiza ante sus recién llamados discípulos, cuya fe crece después de aquel «signo». Los comentaristas del evangelio de Juan insisten en que el episodio de las bodas de Caná está cargado de muchísimos simbolismos, no casuales, que deben tenerse en cuenta para comprender en profundidad lo que significa este relato. La clave de interpretación de este signo de Jesús puede ser la frase del prólogo del cuarto evangelio: «La ley se dio por medio de Moisés; el amor y la verdad se han hecho realidad a través de Jesucristo».
Esas vacías tinajas de piedra son un símbolo de la religión antigua, la de las tablas de piedra de la ley, que se ha quedado ya vacía, como lo estaban esas grandes vasijas que servían para las purificaciones de los judíos -una clara referencia a esa práctica tan central en la religiosidad judía-. El texto dice que esas grandes tinajas «estaban allí», como también afirma que «estaba allí» María, la madre de Jesús. Ella es la que hace la transición entre lo antiguo y lo nuevo, entre el pasado y el futuro que ya es realidad, entre el agua y el vino. Ella es la que está en contraste con el mayordomo o el maestresala, el que no sabe de dónde viene el vino nuevo ni entiende que lo nuevo sea mejor que lo antiguo y que el vino tardío sea mejor que el primero.
1.- "...NO TIENEN VINO"
Nunca como entonces se mira a la Virgen María en su específica función materna: la que me hace caer en la cuenta de lo que me falta. Una madre preocupada de lo que no tengo. María se puso entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus necesidades, carencias y sufrimientos, no como una extraña, sino como madre, que tiene el derecho de presentar a su Hijo las necesidades de los hombres, hijos también suyos. Una madre que se da cuenta de lo que no soy... Como si me dijera: corres mucho, pero siempre llegas con retraso. Con retraso, sobre todo, respecto a ti mismo. Te inquietas demasiado. Pero concluyes bien poco. Porque en tu existencia no hay espacio suficiente para el silencio, la adoración, la contemplación, la inutilidad. Sobre tu mesa está todo. Pero te falta... el resto.
Eres pobre de lo esencial. Hablas mucho de Dios, quizás demasiado. Y te olvidas con frecuencia de hablar con Dios, de dejarlo hablar. Párate un momento, antes que sea demasiado tarde. Vive. No te dejes simplemente vivir. Vive de vida. No vivas del vacío, de la banalidad, de tonterías. No rellenes el vacío con cosas inútiles. No debes limitarte a mirar con ansiedad el reloj. Has de dar un significado a los días, a las horas, a los minutos. Tienes necesidad urgente de un suplemento de ser.
"... No tienen vino". Vives sin alegría, y ni te enteras. Tu alegría, en efecto, es superficial, epidérmica, atada a la cantidad de tonterías, y no anclada en las profundidades de tu ser. Y creo que esta función de "recordar" lo que nos falta es un quehacer de la Virgen en favor de todos los cristianos para que éstos, a su vez, lo ejerciten en favor del mundo entero.
No olvidemos que se repite constantemente la petición nada exigente de la Madre Virgen: "no tienen vino". Y tenemos que obedecer el mandato de Jesús “hagan lo que él les diga” y llenar nuestra tina, de agua, de lo que aparentemente no tiene valor. María no conoce los planes de Jesús, pero afirma que hay que aceptar su programa sin condiciones y estar preparados para seguir cualquier indicación suya.
Palabras lúcidas y llenas de sentido para todo cristiano que quiera serlo de verdad. Lo que esto significa es nuestra cooperación. Hay que llenar nuestra tinaja para que se realice el milagro. Si estamos vacíos seguiremos vacíos, sí estamos llenos de agua nos llenaremos de la plenitud de Dios. El agua de la trivialidad será el vino nuevo de la gracia.
Llenemos pues las tinajas de nuestra vida y que el agua de nuestra vida, tantas veces monótona e insípida, se convierta en el vino nuevo guardado hasta ahora. Que María, la que «estaba allí», la que está hoy también con nosotros, nos diga hoy al corazón: «Haced lo que él os diga».
2.- “TODAVIA NO LLEGA MI HORA”
Esta expresión de Jesús es una de las expresiones características que hacen de este relato un anuncio de la Pascua. San Juan la pone en boca de Jesús en varios sitios de su Evangelio. Cuando Jesús insiste en su origen divino, le quieren prender, pero "nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora" (Jn 7, 30). Cuando más tarde, enseñando en el templo, da testimonio de sí mismo, "nadie le prendió porque aún no había llegado su hora" (Jn 8, 20). Cuando anuncia su glorificación por su muerte, dice: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre (Jn 12, 23). "Y ¿qué voy a decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre" (Jn 12, 27).
En el momento de la última Cena, para anunciarla, Juan escribe: "Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre.. " (Jn 13, 1). En su oración sacerdotal, Cristo dice dirigiéndose al Padre: "Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti" (Jn 17, 1). La hora de Cristo es la de su muerte, pero es al mismo tiempo la hora de su paso al Padre (Jn 13, 1) para recibir la glorificación en el triunfo.
La "hora" del Señor no la marcan los relojes o los astros de este mundo, sino la voluntad del Padre (Jn. 17.1). Así dijo Jesús en la Ultima Cena. La "hora" a la que Cristo se refiere, es la hora de su entrega definitiva a los hombres, en la cruz. Es la hora tan deseada: "Cuando llegó la hora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de > padecer": (Lc. 22,15). Y esta hora suprema del amor de Cristo a los hombres es ahora, antes de padecer, la hora de sus bodas de sangre con la humanidad, que marca todo el camino de Cristo y da sentido a todas las comidas de Cristo con los publicanos, los pecadores, con el pueblo, etc. Esta es la hora que se anticipa en Caná de Galilea, porque esta hora se hace de alguna manera presente cuando la fe sale al encuentro de la salvación que Dios te ofrece. La fe de la Virgen María anticipa la hora del Señor.
A MODO DE CONCLUSIÓN:
¿Ya no tienes vino? Podríamos traducir actualmente: ¿Ya no tienes salud, edad, capacidad voluntad, esperanza, posibilidad, dinero, casa, familia, hijos, marido, esposa….? Pues recuerda que ahí tienes a María que se preocupa por lo que no tienes, e interviene ante su Hijo Jesús, que puede transformar tu vida, tiene un vino mejor del que tu tenías. Además, podemos tomar en cuenta en esta conclusión, que este primer milagro se lleva a cabo en la serenidad y el gozo de dos esposos. No lo realizó para curar enfermos, dar de comer a muchedumbres, o resucitar un muerto. Todo esto lo hará después, pero este primer signo lo hace también para animar a dos jóvenes que inician su vida matrimonial y que inmediatamente descubren dificultades. Podemos pensar que el Evangelio nos pone en evidencia que Jesús descubre la importancia de la familia y el sacramento del matrimonio. ¡Ánimo!
+ Mons. Ramón Castro Castro
XIII Obispo de Campeche
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