Jesucristo, Rey del Universo

Jesucristo rey del universo
“Mi reino no es como los de este mundo”
Juan 18, 33b-37
P. Toribio Tapia Bahena
Diócesis de Cd. Lázaro Cárdenas
1. Lectura
¿Quién entró al pretorio y llamó a Jesús? ¿En qué consiste la pregunta que hace Pilato a Jesús? ¿Qué responde Jesús? Señala las dos preguntas de Pilato que aparecen en el v. 35 ¿Quiénes entregaron a Jesús según Pilato?
Ante la pregunta que hace Pilato a Jesús sobre lo que ha hecho ¿qué responde Jesús? Según las palabras de Jesús ¿Es de este mundo su Reino? Si su Reino fuera de este mundo ¿qué habría hecho su gente?
Después de que Jesús ha dicho a Pilato qué tipo de Reino es el suyo ¿qué pregunta Pilato (v. 37)? ¿Qué responde Jesús? ¿Para qué ha nacido Jesús? ¿Para qué ha venido al mundo? ¿De qué da testimonio Jesús? ¿Quién escucha la voz de Jesús?
Lee también Jn 3,3.5. ¿Qué se necesita para ver el Reino de Dios? Pero, según el v. 5 ¿cómo es este nacimiento?
Es de mucha importancia, si quieres comprender mejor cómo entiende Juan, a Jesús como Rey que leas 1,49; 6,15; 12,13; 19,3. 12.14.15.19.21. Pregúntate ¿quiénes nombran a Jesús como rey? ¿En qué ocasión al inicio del evangelio Jesús no acepta que lo llamen “rey”? En el capítulo 19 ¿quiénes se burlan de Jesús llamándolo “rey”? ¿Cómo podrían interpretarse las palabras de Pilato “lo que he escrito, lo he escrito”?
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Para comprender mejor este texto consideremos, en primer lugar, el espacio en que ha sido ubicado. De las ocasiones en que el evangelio habla de Jesús como Rey la mayoría está entre los capítulos 18 y 19 donde encontramos su juicio ante Pilato y su crucifixión[1]. Jesús mismo había rechazado que lo nombraran rey (6,15); sin embargo, ahora lo reconoce y acepta. No hay lugar a dudas; ante la pregunta de Pilato Jesús responde: “sí, como dices, soy Rey”; más aún, enfatiza su realeza afirmando que para eso ha nacido[2]. Jesús reconoce ser rey en el momento más decisivo de su vida; la cruz, la entrega de la vida, es para Jesús el único modo de reinar.
Desde lo anterior es importante, en segundo lugar, explicar el Reino de Jesús, su modo de ejercer la realeza[3]. La frase “mi Reino no es de este mundo” (v. 36) ha sido generalmente muy mal interpretada; se ha cometido el error de pensar que significa que el Reino de Jesús es sólo para el cielo, que lo que dijo e hizo no tiene absolutamente nada que ver con lo que le sucede al ser humano. Para comprender mejor las palabras de Jesús debemos aclarar, por un lado, el significado de Reino y, por otro, lo que se quiere decir con la frase “no es de este mundo”. La expresión “Dios es Rey” implica en la tradición bíblica que Dios gobierna como Rey; si la expresión “mi Reino” supone una acción expresa de reinar la frase del evangelio de Juan se está refiriendo al Reinado de Jesús[4]. Recordemos también que el término mundo tiene en Juan al menos tres sentidos: el espacio en el que habitan los discípulos, la creación y lo que se opone al plan de Dios[5]; la afirmación “mi Reino no es de este mundo” estaría refiriéndose a este último sentido. Jesús contrapone su modo de reinar al del mundo, a quienes –por oponerse a Dios- reinan en contra de la vida, de la luz, de la verdad…[6]
En tercer lugar, el texto manifiesta con claridad tres características fundamentales del Reinado de Jesús. Su reinado no es de este mundo, no es de aquí; es una aclaración fundamental: el reinado de Jesús es de un estilo totalmente diferente al de los reinos humanos; se fundamenta en la entrega de la vida, en el amor hasta el extremo. De ahí que este tipo de reinado sólo se ejerza a través del testimonio nunca con el dominio.
Además, el reinado para Jesús es una tarea indispensable, es algo que se remonta al nacimiento y, por eso, a la totalidad de la vida de Jesús. Jesús vino para reinar; por esta razón y con esta finalidad entregó su vida.
Podemos decir también que en el evangelio de Juan encontramos un énfasis particular: si alguien quiere ver, es decir experimentar en carne propia, el Reino de Dios debe nacer de lo alto (3,3); si alguien quiere ser parte (“entrar”) del Reino debe nacer del agua y del Espíritu. En el lenguaje simbólico del evangelio de Juan esto podría estar significando guiarse por los principios de Dios, por lo que da vida, por lo que conduce a la Verdad[7].
De lo anterior podríamos decir que, entre los nombres o títulos que se le dan a Jesús uno de los que presentan más confusión es precisamente el de rey. Se corre el peligro de relacionarlo con el poder y el mando. Ante este riesgo que corremos todos el evangelio deja suficientemente claro, por una parte que Jesús es Rey; por otra, que su reinado no se debe entender a partir de los esquemas corrientes por los que se guían quienes reinan o gobiernan entre nosotros; su Reino no es de dominio, es de servicio con la entrega de la vida; su reino no es triunfalista es testimonial. Además, el evangelio deja suficientemente claro que no se puede separar la misión de Jesús de su Reinado; si para eso Él ha nacido; también para esta misma misión los discípulos están llamados. El evangelio es realista y deja claro que este Reino, es decir, la posibilidad de vivir como verdaderos hermanos e Hijos de Dios sólo lo pueden ir experimentando quienes estén dispuestos a vivir en plenitud los principios de Dios: la Verdad, el Amor, la Unidad, el Servicio…
2. Meditación
Juan comprende el reinado de Jesús de manera muy profunda y, al mismo tiempo, exigente. Muchos quisieran, desgraciadamente, un Jesús-rey que se impusiera, que castigara e hiciera sentir su poder... Y peor aún, muchos así conciben la iglesia y su misión. Sin embargo, al fijarnos que el reino de Jesús no es como los de este mundo porque no se fundamenta en la violencia sino en la verdad, nos llenamos de esperanza y compromiso.
Creemos que Jesucristo es Rey porque entregó la vida y que su reino no es de violencia ni de opresión; esto nos compromete a mejorar seriamente nuestras relaciones y el modo de evangelizar. Construimos el Reino porque servimos no porque dominamos; trabajamos por el Reino de Jesucristo cuando amamos y entregamos la vida a su estilo y por quiénes Él lo hizo.
¿En qué nos hace meditar este evangelio?
¿Qué aspecto de mi vida ilumina especialmente este evangelio que hemos leído y reflexionado?
3. Oración
Agradezcamos al Señor el testimonio de muchos hermanos nuestros (laicos, religiosas, religiosos, sacerdotes, Obispos) que hacen presente el Reinado de Jesús.
Pidámosle perdón por las ocasiones en que hemos tenido comportamientos triunfalistas y de dominio ante nuestros hermanos por no entender adecuadamente el Reino de Jesucristo.
Roguémosle también que nos perdone por las ocasiones en que hemos pretendido tener presencia en nuestra sociedad como cristianos sin entregar la vida, sin testimoniar la Verdad…
Pidámosle que nos ayude a aceptar en nuestra vida a Jesucristo Rey convencidos de que la única manera de testimoniarlo es viviendo los principios del Amor, la Verdad, la Unidad, el Servicio…
4. Contemplación – acción
Si realmente creemos en Jesucristo Rey ¿en qué debemos mejorar?
Si tenemos esperanza en Jesucristo Rey ¿qué comportamiento debemos evitar para que realmente Él vaya reinando en nuestras vidas?
Si queremos que Jesús realmente reine en las personas y en nuestra sociedad ¿qué podemos hacer?¿En qué nos debemos comprometer?
[1] 1,49; 6,15; 12,13; 18, 33. 37 (bis) . 39; 19,3. 12.14.15.19.21.
[2] Aparece claro que Jesús ha nacido para ser rey; y ha venido al mundo para testimonio de la Verdad.
[3] Jn 18,36 es uno de los textos del Nuevo Testamento más clarificadores sobre el Reino de Jesús; sin embargo, esto no significa que no lleve el riesgo de ser malentendido.
[4] Esta sencilla distinción es muy importante pues cuando se habla de Reino se corre el riesgo de concebirlo más como un territorio que con una acción (Reinado).
[5] Véase Jn 1,10; 17,14-18 para percibir los sentidos de mundo en el cuarto evangelio.
[6] Para el cuarto evangelio no pertenecer al mundo (lo que se opone a Dios) estando en el mundo (la historia, el espacio y tiempo en el que se vive) además de perfectamente lógico es una tarea irrenunciable para los discípulos (Jn 8,23; 17,14. 17).
[7] El que es de la verdad escucha la voz de Jesucristo rey (18,37), es decir, lo reconoce. Por eso, según el evangelio de Juan sólo Natanael que es presentado como un israelita de verdad (1,48-49) y el gentío que lo recibe cuando llega a Jerusalén (12,12-13) reconocen que Jesús es rey. Por el contrario, quienes no están dispuestos a reconocer a Jesucristo como rey se burlan; es el caso de Pilato (18,33.39), los soldados (19,3) y los sumos sacerdotes (19,15.21). Estos últimos no sólo se burlan sino que aceptan abiertamente que tienen como rey al César, al emperador romano.
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