Emergencias
En los últimos años, las emergencias por sismos, huracanes, lluvias, trombas, explosiones, derrames de aguas negras, sequías, intenso frío o calor, en México y en la Región de Latinoamérica, han sido cada vez más frecuentes.
Los desastres terminan por descubrirnos los rasgos de los pobres y la vulnerabilidad de millones de mexicanos que viven en sitios de alto riesgo porque la miseria y la pobreza los han orillado a ubicar sus familias en zonas marginadas.
Como Iglesia hemos ido acompañando, mediante las Comisiones Diocesanas de Pastoral Social y Cáritas, según nuestras capacidades y con su limitaciones, la atención a los diferentes desastres ocurridos en nuestro país y también nos hemos hecho solidarios con hermanos en otros países del mundo que han sido gravemente afectados.
Observando todas estas situaciones, la experiencia nos hacer tener muy claro la importancia de aplicar una metodología autogestiva y solidaria para atender integralmente las emergencias en sus fases de prevención, atención, rehabilitación y reconstrucción.
La enseñanza social de la Iglesia son el marco teórico que sustenta el trabajo en la atención a la emergencia. Es muy larga lista de diócesis que han visto en riesgo a su población, son muchas las historias de solidaridad y encuentro en medio, también, de tantas tristezas y angustias.
Es importante decir que hay que pasar por todas las fases, no podemos abandonar los efectos a largo plazo ni olvidar las causas que agravaron la situaciones de vulnerabilidad.
Tenemos la posibilidad de hacerle frente a nuevas emergencias con organización y capacitación pues, “se trata no sólo de aliviar las necesidades más graves y urgentes mediante acciones individuales y esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal, proponiendo intervenciones sobre las estructuras sociales, políticas y económicas para lograr una sociedad más justa y solidaria” (EA 58) por que la emergencias de la pobreza es la mayor agravante.





