Versión Estenográfica del día 15 de febrero de 2010

“Que en Cristo nuestra Paz, México tenga Vida Digna”
Exhortación Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misión de la Iglesia
En la construcción de la paz para la vida digna del pueblo de México
Versión Estenográfica del día 15 de febrero de 2010 con motivo de la presentación de la Exhortación Pastoral:
Intervención de Mons. Gustavo Rodríguez Vega, Obispo de Nuevo Laredo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social.
Muchas gracias, muy buenos días a todos. Llenos de alegría presentamos este documento de todo el Episcopado Mexicano que hemos venido preparando con más de un año de reflexión, de encuentros con diversos grupos, grupos de México, expertos en el tema de la violencia que se vive en nuestro país, expertos de otros países, particularmente de Italia y de Colombia , y como fruto de estos encuentros y estos diálogos hemos tenido una reflexión los Obispos de toda la conferencia del episcopado mexicano que ha llevado como fruto final al documento que ahora ofrecemos y que presentamos en las 3 partes q contiene, el documento sigue el método: ver juzgar y actuar. En la introducción del documento decimos entre otras cosas iniciado con el pasaje del evangelio de San Juan: “La paz esté con ustedes”; el saludo de nuestro señor. De hecho el título del documento es elocuente en sí mismo, “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna”.
Los Obispos de México saludamos a todos los fieles católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, queremos compartir nuestro discernimiento sobre la misión de la Iglesia en la realidad de inseguridad y violencia que se vive en nuestro País y alentar la esperanza de quienes en esta situación viven con miedo, dolor e incertidumbre; es una situación que afecta todos los órdenes de la vida social y daña profundamente a las personas, a las familias y a las comunidades de nuestro país. Vemos esta realidad con ojos y corazón de pastores, intérpretes y confidentes de los anhelos de muchas personas especialmente de los más pobres y de quiénes sufren.
Entrando propiamente en materia en el primer capítulo, se describe el crimen organizado en una escalada de violencia, todas las diversas formas de violencia a que nosotros nos hemos visto sometidos, entre otras cosas, dice, alguna de las actividades criminales más comunes en este contexto son: el narcotráfico, el secuestro la trata de personas, el lavado de dinero, distintos tipos de extorsión y las ejecuciones intimidatorias.
En otro apartado hablamos de los factores que contribuyen a la inseguridad y violencia, a propósito no hemos querido hablar de causas, por que hablar de causas es hablar de algo más puntual, de lo cual inmediatamente se ve una solución que hay que dar, mientras que los factores son situaciones de más amplitud que deben ser considerados.
El factor de la economía porque consideramos que toda la actividad económica, de alguna manera tiene algo de ver con la situación de violencia que vivimos, la economía es uno de los ámbitos en los que debemos buscar los factores que contribuyen a la existencia de la violencia, violencia organizada, la desig ualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada, y los niveles inhumanos de vida exponen a la violencia a muchas personas.
Otro de los factores se encuentra en la vida política, es urgente superar definitivamente la anticultura del fraude, de los privilegios de unos cuantos y consolidar procesos e instituciones que permitan la representación de toda la sociedad a través de métodos transparentes y de autoridades legítimamente elegidas, a las que los ciudadanos les puedan pedir cuentas de su actuar.
Otro de los factores que consideramos importantes en la situación de violencia en México, son de orden social, la violencia social tiene muchas manifestaciones, entre ellas: la violencia de grupos por razones políticas, la violencia de la relaciones laborales, la violencia vinculada a actitudes discriminatorias y que es padecida no solo por cuestiones étnicas, sino también por las personas que sufren maltrato por su orientación sexual, la violencia en las escuelas, la que es padecida por delitos comunes como el robo, la que se da entre generaciones y entre las comunidades, la violencia en el tránsito vehicular, de la que resulta un alarmante número de víctimas, etc.
La superación de la violencia requiere ser mejor comprendida, la sociedad necesita verse a sí misma, es necesario profundizar y realizar estudios sobre este fenómeno. Otro de los factores lo encontramos en la cultura, somos un pueblo que ama la vida, tenemos de nosotros mismos el concepto de ser un pueblo hospitalario, fraterno, alegre y solidario, en la pluralidad cultural del pueblo de México hay elementos valiosos de unidad y de identidad nacional, muchos de ellos relacionados con la fe cristiana, sin embargo, se asocian también al modo de ser de los mexicanos antivalores y actitudes negativas entre ellas la violencia.
Es grave que la violencia se esté asumiendo, se esté aceptando como una realidad ordinaria de nuestra cultura, dentro del tema cultural incluimos el tema religioso, porque la religión forma parte importante de nuestra cultura y ahí también nosotros podemos denotar cual es nuestra responsabilidad como Iglesia, percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones, un énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario formativo, movimientos y grupos religiosos que se olvidan de la dimensión social de la fe, un espiritualidad individualista, una mentalidad relativista en lo ético, en la pastoral persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual y con relación a la inseguridad y violencia, reconocemos con tristeza que entre los involucrados en el crimen organizado hay mujeres y hombres bautizados, que con sus acciones se alejan de Dios y de la Iglesia.
También se han descuidado espacios relacionados con estas situaciones, como son la pastoral penitenciaria, la pastoral a menores infractores y en situaciones de riesgo y el acompañamiento a víctimas inocentes, abundamos todavía un poco más en el papel de la Iglesia, en nuestra responsabilidad, pero luego terminamos diciendo como hay tres factores que consideramos de más relevancia en el tema de la violencia, y que hay que atender lo más pronto posible.
En primer lugar vivimos una crisis de legalidad; los mexicanos no hemos sabido dar su importancia a las leyes en el ordenamiento de la convivencia social; en segundo lugar se va debilitando el tejido social, se han relajado las normas sociales, así como las reglas no escritas de la convivencia que existen en la conciencia de cualquier colectividad, bajo formas de control social que corrigen las conductas desviadas y mantienen a la sociedad unida y debidamente cohesionada.
En tercer lugar vivimos una crisis de moralidad, cuando se debilita o relativiza la experiencia religiosa de un pueblo, se debilita su cultura y entran en crisis las instituciones de la sociedad con sus consecuencias en la fundamentación, vivencia y educación en los valores morales.
A grandes rasgos de esto trata el primer capítulo de nuestro documento, paso la palabra a Mons. Carlos Aguiar.
Intervención de Mons. Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Muy buenos días, me da mucho gusto estar en este panel para presentar este documento, que como decía Mons. Gustavo, refleja la preocupación y la reflexión de todos Obispos del país, cada uno desde su rincón del país cómo percibe el momento actual y por dónde encontramos y descubrimos al poner en común, caminos para superarlo.
Cristo nuestra paz, es precisamente en este documento que sigue el método ver, juzgar y actuar, la primera parte que nos acaba de describir Mons. Gustavo Rodríguez, ha descrito la percepción nuestra, cómo percibimos hoy nuestro país esta realidad. En esta segunda parte los Obispos queremos presentar que hay camino, y que hay un camino muy concreto, particularmente, para quienes ponernos nuestra confianza en la revelación, en la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo. Por eso comienza esta segunda parte preguntándonos, qué significa ser cristiano en estas circunstancias. Cuál es la tarea de Iglesia en nuestro tiempo para este país. El documento recoge algunas orientaciones tanto de la última encíclica del Santo Padre “Caritas in veritatis”, que es espléndida, recoge al mismo tiempo las orientaciones y reflexiones de Aparecida, del documento de los Obispos al ver Latinoamérica, y los trata de presentar desde esta realidad tan alarmante, tan preocupante de nuestro país.
Cuál es el núcleo por el cual se desarrolla esta parte. Reconocemos, como ya parcialmente lo dijo con alguna descripción de hechos, al decirlo Mons. Gustavo, que a la Iglesia cómo la vemos, que le ha faltado esta fuerza para poder aportar lo suyo. El documento dice que necesitamos específicamente replantearnos la misión de la Iglesia hoy, porque venimos de un catolicismo, de un cristianismo que ha sido heredado por tradición, pero que no ha descubierto la fortaleza de ser católico, porque no hay consciencia de ser católico. Y por eso se propone como primer paso, replantear que la Iglesia en todas sus instancias ofrezca la posibilidad real de encontrarnos con Cristo. De que no simplemente hagamos estas acciones rituales a las que estamos acostumbrados a celebrar, sino que redescubramos la fuerza de la Palabra de Dios, redescubramos la fuerza de encontrarnos con una persona como lo es Cristo, por Él es el que trae la posibilidad de vencer el mal que está, no solo presente con toda esta descripción de agresión y violencia, sino también está enraizado en la fragilidad del ser humano, y por ello en esta segunda parte, lo afirmamos, la raíz fundamental de todo está en la orientación del corazón de cada ser humano.
Entre las accione simbólicas que vamos a hacer esta mañana, será entregar unas semillitas, hay que sembrar la paz. Y parte de este desarrollo de esta segunda parte, es decirlo con los elementos, cómo podemos hacer que nuestros católicos en lo personal, pero sobre todo lo que nos más nos falta, en lo comunitario, podamos ser constructores de la paz, edificadores de la paz, cómo podemos, en contraparte de que la delincuencia se ha organizado para actuar, también nosotros nos tenemos que organizar, también nosotros tenemos que armar las estrategias para difundir la paz que Cristo nos da la garantía de que Él nos la da. Cómo corresponder a esta gracia que tenemos en la fe católica.
Estos elementos son, creo que, alentadores, estimulantes, motivadores para lograr algo que lo decimos desde el número 113, que me parece que es el aporte que la Iglesia debe de dar concretamente en este momento a la sociedad: trabajar por la humanización y restauración de nuestro tejido social, que superemos el anonimato de las grandes ciudades.
Así como nos encontramos aquí nosotros, quién tiene miedo de que alguien saque su metralleta para agredirnos. Estamos en un lugar conocidos, con personas conocidas, no tenemos ese miedo, tenemos entonces que generar la confianza en nosotros mismos, dándonos cuenta de que no debemos tener temor a todo tipo de personas, que las otras personas están igualmente preocupadas que nosotros, pero hay que darnos la cara, y precisamente esta es la labor de Iglesia, desde Cristo. Articular nuestras comunidades, y por eso, en este mismo días o en los días siguientes, los Obispos del país, cada uno en nuestra propia diócesis, ha quedado comprometido para dar a conocer el documento, para comenzar estar inercia, este dinamismo, Cristo nos da la paz, hagámosla nuestra, Cristo es nuestra paz, es la fuente de la vida y de la felicidad. Ahí está nuestro camino, hay camino en esta oscuridad, hay camino en estas tinieblas, hay camino en estas situaciones que vivimos tan lamentables, recorrámoslo.
Mons. Ramón Castro nos va a decir hacia qué, en qué sectores, en qué acciones, pero en esta segunda parte, creo que quien lo lea, y quien lo medite, quedará motivado, animado para corresponsablemente participar en esta restauración del tejido social de nuestra patria.
Intervención de Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Campeche y Responsable de la Dimensión.
Un saludo cariño a cada uno de ustedes, y me alegra de ser parte de algo que considero un momento histórico, importante en la historia de Iglesia y sobre todo en estos momentos de México, me ha tocado compartir con ustedes la presentación de la tercera parte del documento, ya se ha dicho ésta dinámica del ver, juzgar y actuar; analizar la realidad, juzgarla y ahora ¿qué vamos a hacer?, ¿qué proponemos en la exhortación pastoral los Obispos y los especialistas que han trabajado para esta situación tan particular?, ¿qué vamos a hacer?, creo que es sumamente interesante e importante esto, y lo hacemos de la siguiente manera.
Esta última parte tiene una introducción, y cuatro puntos de análisis, y luego una conclusión, les presento los cuatro puntos, ¿qué vamos a hacer?, formar mujeres y hombres nuevos en Cristo, ahí está y analizamos en la exhortación como formar mujeres y hombres nuevos en Cristo.
Segundo, educar para la paz, es sumamente importante pues no le hemos dado el lugar que tiene esto en nuestra realidad social cristiana.
Tercero, una verdadera ciudadanía para la paz; y último construir esa paz, aquí están los cuatro grandes puntos de este último apartado.
En la introducción, es sumamente interesante también, porque se propone cual es la misión de la Iglesia, en esta construcción de la paz, y son tres puntos: prevenir, que la Iglesia ayude a prevenir, es muy importante la prevención, segundo: acompañar a lo que ya estamos viviendo, acompañar. Y tercero: animar a la sociedad responsablemente; son los tres puntos que van a desarrollar todo lo que proponemos, y vamos al primer punto.
Formar hombres y mujeres nuevos en Cristo, lo primero, así decimos y proponemos, que hay que hacer para superar la crisis de inseguridad y de violencia, es renovar a los mexicanos, porque México será nuevo solo si nosotros mismos, somos nuevos si, nosotros nos renovamos. Y ¿dónde encontrar esta renovación?, esta renovación se encuentra en Cristo, porque es él el único que da la novedad del corazón, que lo puede renovar, da formas nuevas de relacionarnos con él y con los demás, y esto nos va a permitir construir comunidades sanas y justas, nos va a capacitar para solucionar de manera adecuada y pacifica los conflictos que vivimos.
También tenemos una propuesta, una educación escolar, una educación escolar que tenga en consideración, precisamente, esta realidad, saber educar desde las escuelas en el sistema educativo, ponerlo como una prioridad y después en la familia, los números 196 y 196 tratan esto, en el proyecto de Dios, la familia tiene la misión de la vida, acogerla, cuidarla, protegerla, promoverla, la familia tiene una tarea importante e insustituible en la construcción de la paz, y después un análisis de la vida comunitaria.
Eso sería el primer punto, en formar hombres y mujeres nuevos en Cristo.
Segundo, educar para la paz, la superación de la violencia solo será posible con el hábil uso de herramientas, que se consiguen en la educación y que capacitan para poder hablar un lenguaje de paz, ¿cuáles son las herramientas? el testimonio, la fuerza moral, la razón y la palabra, educar para la paz significa también que todos aprendamos a difundir pensamientos de paz, fomentar sentimientos de paz, impulsar gestos de paz, promover un lenguaje de paz; que los medios de comunicación se pongan también al servicio de la paz, educar para la legalidad y aprender de la historia.
Tercer punto, ciudadanía para la paz, la respuesta a los desafíos de inseguridad y de violencia no pueden ser solo responsabilidad de la autoridad pública, lo sabemos, es responsabilidad de todos los ciudadanos, y todos hemos de asumir de estar responsabilidad, la sociedad civil responsable, no va surgir como una generación espontanea no nos va a cera del cielo, es necesario formarlo pero hay que tener esa conciencia y empezar a hacer lo y desarrollar en ella tres capacidades: el conocimiento de la realidad, la responsabilidad social y el sentido y compromiso de la justicia social. Después fortalecer la capacidad de incidencia social, incidencia política, de incidencia cultural, y de incidencia en la construcción de la paz.
Y en el último punto construcción de la paz, impulsar el desarrollo humano integral, no podemos evitarlo y no podemos negarlo para esta construcción de la paz, impulsar ese desarrollo integral del ser humanos y para ello la doctrina social de la Iglesia señala con mucha claridad que la pobreza se va a superar sólo mediante acciones que sigan una justa concepción del desarrollo humana integral, y de una decidida voluntad de actuar en todos los planos de la vida social para lograrlo. Promover derechos y deberes humanos, la paz es un don de Dios que debemos compartir con los demás y construir la paz exige el respeto de dignidad de todas las personas y de todos los pueblos. Ese mosaico que tenemos en México, con tantas culturas y pueblos, después impulsar la reconciliación social esto me parece de momento muy importante a nivel personal, el pueblo mexicano, en este momento necesita recorrer el camino de la reconciliación social, tenemos que reconciliarnos los mexicanos, es un proceso por el que cualquier orden de vida las partes en situaciones de confrontación deponen una forma, una forma de relación destructiva y sin salida, no hay que estar pensando en eso, hay que asumir una forma constructiva, hay que reparar el pasado, edificar el presente y preparar el futuro, reconciliados, unidos, juntos, y ahí tiene la Iglesia un misión muy importante, porque la Iglesia tiene entre su misión ser reconciliadora, tiene la vocación de reconciliarse, se lo ha dejado su Señor y maestro a través de, por ejemplo, los ministros del evangelio, que lo hacen, pero no es solamente la jerarquía, toda la Iglesia, todos los bautizados, hemos de transformarnos en elementos de reconciliación y en este sentido encontrar también, un ecumenismo por la paz, para contribuir a esta construcción de la paz.
Los católicos debemos desarrollar una conciencia ecuménica, y un compromiso por la unidad, teniendo como uno de sus medios la búsqueda del bien común y la promoción de iniciativas sociales de paz y de desarrollo social, y obviamente orar por la paz, lo que no podemos hacer nosotros lo puede hacer Dios, orar intensamente por esa paz, y exhortarlos a todos.
Y dentro de esta parte hay un llamamiento final, un llamamiento a los gobernantes, a las fuerzas armadas y de seguridad, a los partidos políticos, a la sociedad civil y responsable, a los padres de familia, a los educadores , a los jóvenes, a las víctimas de la violencia, a los comunicadores, a los discípulos y misioneros de Jesucristo en general, y un llamado a los que practican la violencia, y a quienes se han involucrado en diversas formas de crimen organizado, un llamado a los que producen, transportan y comercian droga, no puedo analizar cada uno de estos llamamiento, pero si les comparto algo que me parece algo que me parce muy importante, en el llamamiento a los políticos, la violencia no solo es un problema de seguridad, es ante todo un problema de salud pública, y lo proponemos con mucha claridad los Obispos, es un problema de salud pública, que si bien requiere la aplicación enérgica de la ley, al mismo tiempo exige medidas preventivas y políticas públicas que inhiban los factores que contribuyen a la inseguridad y violencia en todos los ámbitos de la vida nacional, ahí está lo que proponemos por nuestra parte.
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