Saludo y Mensaje de Navidad en Acapulco

Con mucha ilusión y esperanza, en medio de los acontecimientos tan lamentables y dolorosos que hemos vivido en esta semana, tengo el gusto de presentarles hoy el Mensaje y saludo de Navidad que envío a la comunidad diocesana y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haciendo eco al profeta Isaías, quien siglos antes del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo hablaba de Él: “Porque una criatura nos ha nacido, Un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero» «Dios Fuerte» «Príncipe de la Paz»”. (Is. 9, 5).
También recuerdo las palabras del Beato Juan Pablo II, quien decía que “Hasta en los peores años la Navidad ha traído consigo siempre algún rayo de luz”. He querido inspirar la esperanza necesaria para plantear que podemos superar las realidades sombrías que han marcado este año 2011 que estamos por terminar, tomando conciencia de que más allá de las manifestaciones de “competencia desleal, descalificaciones, desconfianza e incertidumbre, faltas de educación, y de incapacidad para organizarse, de la violencia en todas sus expresiones, discordias, recelos y rivalidades, de calumnias, injusticias sociales, secuestros, enfrentamientos armados y guerras sangrientas a causa del narcotráfico y la corrupción; situación lacerante y dolorosa que hemos vivido en los últimos tiempos en nuestro Estado de Guerrero y particularmente en el puerto de Acapulco”, podemos emprender siempre el camino de las construcción de la paz, a partir del encuentro con Jesucristo, nuestra paz.
En este mensaje navideño hago un llamado a todos, absolutamente a todos, cualesquiera que sea su condición social, personal o moral a darle una oportunidad a la paz con motivo de las celebraciones del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, quien viene a iluminar las sombras que cubren nuestra historia con la presencia de Dios dador de la paz. Y, si bien, señalo que la paz es un don de Dios, que se nos concede gratuitamente, también he querido poner de relevancia el hecho de que la paz hay que construirla con el compromiso cotidiano.
En el tiempo de Navidad se acrecienta la sensibilidad hacia la paz, no solo como valor social sino como una experiencia espiritual necesaria para vivir la vida con sentido y en plenitud. El mensaje del Evangelio es un mensaje de paz que toca las fibras más hondas del ser humano y nos capacita para vivir en paz y trabajar por la paz. Por ello, señalo que “la paz es fruto de la acción de Dios que nos ayuda para hacer nuestro mejor esfuerzo por obrar bien, la paz nos ayuda a ser apacibles, tranquilos, respetuosos, tolerantes, educados, reflexivos. La paz invita a compartir, a deponer las armas, a generar cambios significativos e importantes en la vida. La paz viene de nuestra integridad personal, de ser honestos, de controlar y orientar sensatamente nuestros sentimientos”.
Y también me estoy dirigiendo, particularmente, “a los que olvidan que somos hermanos y son responsables de disturbar la paz en tantas familias y llevan sobre su conciencia a tantas víctimas humanas provocando sufrimiento y muerte” con un llamado específico: “conviértanse, entiendan que no está permitido hacer el mal, enderecen sus senderos, regresen a los caminos del Señor”.
En esta Navidad, mi felicitación, cargada de afecto y cariño a todos. ¡Feliz Navidad!
+ Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Acapulco
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