2012 Año Internacional del Cooperativismo

Este año se ha dedicado al cooperativismo. Esto porque el modelo cooperativo “es un importante factor de desarrollo social y económico que promueve la más alta participación posible en el desarrollo económico y social de las personas, en los países desarrollados y en vías de desarrollo y que, en particular, las cooperativas contribuyen a la erradicación de la pobreza”. El cooperativismo ha sido de gran ayuda en muchos países, sobre todo, frente al modelo capitalista tradicional, es la mejor opción para conseguir una forma más sostenible de hacer negocios. Esto porque tiene una base en los valores que los hacen posible y lo distinguen del capitalismo liberal.
Todas las cooperativas, grandes y pequeñas comparten los valores que las sostienen: democracia, solidaridad, equidad, autoayuda, autorresponsabilidad. Esto los lleva a crear negocios que ofrecen a sus socios más bienestar, en oposición a la maximización de los beneficios en provecho de unos pocos. Estas organizaciones luchas contra la pobreza, promueven el desarrollo sostenible y la creación de empleos; mejoran las condiciones de vida y trabajo de mujeres y hombres y contribuyen al suministro de infraestructuras y servicios esenciales en las comunidades, incluso en zonas ignoradas por gobiernos y empresas inversionistas. Las cooperativas favorecen una economía democrática, centrada en las personas, que cuida del medio ambiente, y al mismo tiempo promueven crecimiento económico, justicia social y una globalización justa.
El movimiento cooperativo moderno inicia a mediados del siglo XIX. El cooperativismo, más que una teoría, es sobre todo una práctica social del bien común productivo, pero se ha nutrido históricamente de distintos aportes que han dado forma a distintas experiencias, formas de organización y relatos que se entrecruzan en la historia de las prácticas cooperativas. Hay tres grandes corrientes que aparecerán a lo largo de la historia de las prácticas cooperativas. La primera: La libertaria/mutualista, con origen en Fourier (1772-1837), cuenta durante los siglos XIX y XX con importantes teóricos políticos como Joseph Proudhon (1809-1865), Piotr Kropotkin (1842-1921) y Fernando Garrido (1823-1881). Esta corriente pondrá el acento en la consecución de autonomía para la comunidad y las personas a través del mercado, imaginando en el extremo la innecesariedad del estado por la agrupación libre de comunidades organizadas cooperativamente.
La segunda: la socialista, vinculada al movimiento sindical socialdemócrata y algunas ramas nacionalistas del comunismo, se opondrá al mercado y pensará a las cooperativas desde su relación con el estado. En sus teorizaciones estatalistas más radicales como el llamado “socialismo autogestionario yugoslavo”, las empresas son entregadas a organizaciones sindicales para su “autogestión”, y el estado mismo evita mediante la planificación la competencia generalizada. En otros modelos como el del kibbutz (Israel) de la izquierda del movimiento sionista, la estructura económica comunitaria se piensa como herramienta de colonización territorial y construcción nacional-estatal a pesar de su autonomía legal.
La tercera: la católica, con economistas implicados en el desarrollo a gran escala del movimiento cooperativo como Charles Gide (1847-1942) o activistas como el padre José María Arizmendiarrieta (1915-1976), inspirados por las ideas del cristianismo social y la doctrina social de la Iglesia Católica. A pesar de adolecer en muchos casos de objetivos asistencialistas, tendrá una importancia central en el desarrollo del movimiento cooperativo industrial y de consumo en Francia y Bélgica primero y en muchas partes hasta la actualidad.
El cooperativismo también llegó a México, en 1873 el Círculo Obrero de México estableció la primera cooperativa en los países latinos fuera de Europa. A la experiencia mexicana seguirán otras en Puerto Rico y Costa Rica, donde desde 1907 se cultiva una tradición cooperativa propia vinculada a la socialdemocracia.
Una de las formas del cooperativismo que promovió la Iglesia Católica en México fue el movimiento de las Cajas Populares, que se ha caracterizado por un vasto semillero de líderes sociales que con su ejemplo y tenacidad han hecho una obra digna de ejemplo y reconocimiento por parte de las presentes y futuras generaciones. El padre Pedro Velázquez Hernández. (1911-1968), teólogo, sociólogo, y filósofo mexicano fue el sacerdote que durante dos décadas desempeño el cargo de Director del Secretariado Social Mexicano, el órgano oficial del Episcopado mexicano para la difusión y la práctica de la Doctrina Social de la Iglesia. Creó muchas organizaciones como la Asociación de Secretariados Sociales en las diversas diócesis del país y la Conferencia de Organizaciones Nacionales. Su mayor obra fue la formación del movimiento de cajas populares a las que siempre dedicó particular atención. Fue un orador infatigable y un promotor eficaz de la doctrina social de la iglesia.
Las Cajas Populares son cooperativas de Ahorro y Crédito. Son sociedades financieras populares, donde el socio ahorra y la sociedad le entrega la cantidad principal y los intereses que generan, también pueden recibir préstamos a un mínimo de intereses. Son iniciativas de una comunidad que se organiza, dado que no tiene otra forma de obtener servicios financieros, es la misma gente quienes las forma y de ellos surgen los directivos de esas cooperativas. El servicio que ofrecen es muy cálido, orientado a los valores sociales muy diferentes a los de la banca comercial. Son un conducto muy eficaz para que los individuos y las familias ahorren, aumentando su calidad de vida futura y al mismo tiempo fortaleciendo el desarrollo económico del país
En nuestra Arquidiócesis todavía existen algunas Cajas Populares fundadas y promovidas por sacerdotes de nuestro presbiterio y por laicos comprometidos: recuerdo la Caja Popular Hipódromo, la Cristo Rey, entre otras. Es tiempo de hacer lo que la Iglesia nos ha enseñado y lo que el Papa Benedicto XVI nos invita en Caritas in Veritate (n° 66), al hablar del sistema financiero actual, respecto a las compras “…en momentos como los que se están viviendo, en los que el poder adquisitivo puede verse reducido y se deberá consumir con mayor sobriedad, es necesario abrir otras vías como, por ejemplo, formas de cooperación para las adquisiciones, como ocurre con las cooperativas de consumo, que existen desde el s. XIX, gracias también a la iniciativa de los católicos”.
Durango, Dgo., 5 de febrero del 2012
+ Enrique Sánchez Martínez
Obispo Auxiliar de Durango
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